Archivo para 28 septiembre 2010

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SPQR




Desde el año de 508 aC, en que fue fundada la República de Roma, todos los monumentos que los romanos elevaron, llevaron las siglas latinas SPQR, que significaban “el Senado y el Pueblo de Roma”.


La palabra “Pueblo” no se correspondía en absoluto con lo que pudiéramos entender hoy día, porque Roma no incluía dentro del término “Pueblo” a toda la ciudadanía, sino tan sólo dos clases sociales: la de los patricios y la de los caballeros (‘equites’).

  • Los patricios eran los descendientes de los fundadores de la ciudad: un centenar de familias, que, naturalmente, acapararon las mejores propiedades, y que se consideraban algo así como “los dueños de la casa” con respecto al montón de gente que vino después, la clase de los plebeyos.


  • Con el tiempo, de los plebeyos se diferenció un pequeño grupo que se puede asimilar a la alta burguesía o clase media, muy fuertes desde el punto de vista financiero: los caballeros (‘equites’).



Cuando el último rey fue desalojado del poder, y se instauró la República, los patricios comprendieron que no podían quedarse solos contra todos los demás, y pensaron en tomar por aliados a los ricos caballeros, que, en el fondo, y como todos los burgueses de todos los tiempos, no aspiraban sino a formar parte de la aristocracia, es decir, del Senado (si los nobles franceses del siglo XVIII hubiesen hecho otro tanto, se habrían salvado de la guillotina).


El pueblo lo constituían, pues, solamente estos dos órdenes: patricios y caballeros. Todo el resto era plebe, y no contaba. Los plebeyos eran agricultores, artesanos, pequeños comerciantes, empleaduchos, y esclavos liberados (“libertos“)… pero no eran “Pueblo de Roma”; carecían de poder e influencia.


Con este planteamiento, es fácil prever que el primer siglo de la República de Roma estuvo enteramente ocupado por las luchas sociales entre los que querían ampliar el concepto de “Pueblo” y los que querían mantenerlo restringido para las aristocracias (la de la ‘sangre’ y la de ‘carteras llenas’).


Así, esa lucha comenzó en 494 aC, es decir, sólo 14 años después de la proclamación de la República, cuando Roma, atacada por todas partes, había perdido todo lo conquistado bajo la monarquía y, reducida a casi ‘cabeza de partido’, tuvo que conformarse con ser miembro de la Liga Latina en pie de igualdad con todas las demás ciudades.


Al final de aquella ruinosa guerra, la plebe, que había proporcionado la mano de obra para llevarla a cabo, se encontró en condiciones desesperadas. Muchos habían perdido los campos, que quedaron en territorios ocupados por el enemigo. Y todos, para mantener a la familia mientras estaban en filas, se habían cargado de Deudas.


En efecto, en Roma, existían el dinero, la inflación, los préstamos y, por ende, las crisis económicas planificadas.


¿ Qué podían hacer aquellos plebeyos para reclamar un poco de justicia ?


Comenzaron a agitarse por calles y plazas, pidiendo por boca de los más desenvueltos, que sabían hablar, la anulación de las Deudas, un nuevo reparto de tierras que les permitiese reemplazar la propiedad perdida y el derecho de elegir magistrados propios.


Pero las clases privilegiadas y su Senado hicieron oídos sordos a estas demandas.





Así que, grandes masas de plebeyos decidieron cruzarse de brazos, retirarse al Monte Sacro, a unos 5 kilómetros de la ciudad, y proclamar que, a partir de aquel momento, no aportarían ni un bracero a la tierra, ni un obrero a las industrias…y, lo más dañino… ni un soldado al ejército.


Estaban en huelga.


Finalmente, el Senado capituló. Canceló Deudas, restituyó la libertad a quienes habían caído en la esclavitud por ellas, y puso a la plebe bajo la protección de 2 tribunos y de 3 ediles elegibles por ésta cada año.


Fue la primera gran conquista del proletariado romano, la que le dio el instrumento legal para alcanzar también las demás por el camino de la justicia social.





No mucho después, Roma lograba la ley de las Doce Tablas“.


Fue otro éxito de los plebeyos: tras volver del Monte Sacro, no cejaron en pedir que las leyes no fuesen dejadas más en manos de la Iglesia,  que a su vez era monopolio de los patricios, sino que se publicasen, de modo que cada uno supiese cuáles eran sus deberes y cuáles las penas en que incurrirían en caso de infringirlas.


Hasta aquel momento, las normas en que se basaba el magistrado que juzgaba habían sido secretas, reunidas en textos que los sacerdotes conservaban celosamente, y mezcladas con ritos religiosos con los que se pretendía indagar la voluntad de los dioses. Si el dios estaba de buen humor, un asesino podía salir de apuros; si el dios tenía mal día, un pobre ladronzuelo de gallinas podía terminar en la horca. Dado que quienes interpretaban su voluntad, magistrados y sacerdotes, eran patricios, los plebeyos se sentían en clara indefensión.


Así, el Senado encargó a una comisión de 10 legisladores que redactasen el código o ley de las Doce Tablas, que constituyó la base, escrita y pública, nada más y nada menos, que del Derecho Romano, que es la base de los ordenamientos jurídicos contemporáneos.


Esta otra conquista lleva la fecha del año 451 aC, sólo 57 años después de la fundación de la República.


La letra P de las siglas SPQR comenzaba a tener otro significado.





Toda huelga general tiene como objetivo extenderse a todas las actividades laborales, y afectar al conjunto de trabajadores e incluso a otros estamentos sociales (estudiantes, jubilados, etc.).


La convocada el 29-S en España, surge como respuesta a la reciente reforma laboral.


Se puede argumentar, con razón, que llega un poco tarde.


Porque la reforma laboral ya está aprobada.


Solo podrá modificarse si otro gobierno la deroga o altera.


Es lícito pensar que tiene más sentido esperar y expresarse en las siguientes Elecciones Generales, previstas para 2012.





Claro que, con la actual ley electoral, el sistema consigue que votar a partidos de implantación nacional que no sean los 2 mayoritarios, minusvalore el voto del resto.


Pero, en realidad, la huelga general no se plantea contra las decisiones de este o cualquier otro gobierno títere de la dictadura de los mercados, sino contra los mercados mismos, y más concretamente, contra la que es hoy su principal arma contra la clase trabajadora española, europea y mundial: el sistema financiero.


Vista la delegación de la soberanía de España a manos del euro, la Unión Europea (UE) y la Banca, la huelga general del 29-S se justificaría no sólo en defensa de derechos económicos, sociales y laborales, sino frente a la tergiversación de la Democracia.


Así, la huelga ya no es una lucha exclusivamente obrera, sino una lucha de todos, porque, directa o indirectamente, a todos van a afectar las reformas, que, por cierto, forman parte de un paquete de medidas neoliberales que la UE trata de implementar vía Fondo Monetario Internacional (FMI). Con dicho conjunto de medidas, similar a los “planes de ajuste estructural” que el FMI imponía a los países latinoamericanos en los años 80’ del siglo pasado para sojuzgar a los países, tratan de imponer duros sacrificios, y hacer pagar al Pueblo por una crisis que éste no ha provocado, y que ya le está afectando seriamente.





Esta crisis no ha sido provocada por la inmensa mayoría de la población, sino por una pequeña minoría de especuladores ligados a la gran Banca que, con el pretexto del estallido de la “burbujainmobiliaria y financiera, la han trasladado a la economía real vía saqueo de las arcas públicas (con la colaboración de gobiernos cómplices) y la supresión drástica del crédito a empresas y familias, provocando miles de quiebras, y millones de parados.


El rescatar a la Banca no lo va a pagar la propia Banca. Quieren que lo paguen el Pueblo.



La reforma laboral es el primero de los ejes del ataque a la población.


De entrada, esa reforma mina el papel de los sindicatos.


Además, y en paralelo, se ha orquestado una brutal campaña de propaganda contra los sindicatos, en prensa e Internet.


Los especuladores que han creado la crisis exigen recortar salarios y derechos sociales, diciendo que los trabajadores vivían “por encima de sus posibilidades“. Los gobiernos aplican planes de ajuste contra los trabajadores… Pero la campaña se forma sólo cuando los sindicatos convocan una huelga general contra esos recortes.


Y es cierto que los sindicatos han actuado de forma excesivamente complaciente, firmando ‘pactos sociales’ que libraban de responsabilidad al gobierno de turno por las mermas sociales, pactando ERE’s a nivel autonómico o nacional, y beneficiándose de la gestión de la formación para desempleados.


Pero la explicación de los ataques tiene que ver con la hipótesis de una ofensiva en toda la UE contra el (muy básico en el caso de España) estado del bienestar.


El Partido Popular (PP) ya tiene puesta la vista más allá de la huelga general: espera ganar las próximas elecciones. Ese hipotético gobierno del PP sería el encargado de profundizar en el desmantelamiento del estado del bienestar y en el recorte aún más grave de los derechos laborales. Y para esa política, con un PSOE en la oposición después de haber dado los primeros pasos en esa línea, sólo queda un enemigo a tener en cuenta: los sindicatos.





Porque, hoy por hoy… los sindicatos son los únicos que pueden movilizar y sacar al Pueblo a la calle para defender sus derechos.


La campaña contra los sindicatos quiere facilitar las cosas a los que se aprovechan de la clase trabajadora, desmoralizar a los propios trabajadores, y dejarles sin armas de organización colectiva para responder a los recortes salariales y sociales.





Los otros 2 grandes aglutinadores de masas: los clubes de fútbol, y la Iglesia y cofradías católicas no han puesto el menor interés por defender al ciudadano, ni lo van a poner.


Y los sindicatos tienen tanta legitimidad para hacerlo como el que más. Suman tantos afiliados como los partidos políticos que dicen representar al conjunto de los españoles. Si 3’5 millones de afiliados son suficientes como aval de los partidos para presentarse a unas elecciones, 3’5 millones de afiliados también avalan a los sindicatos para representar así a los trabajadores.


Y es desde los sindicatos desde surge la mejor posibilidad de reconstrucción de la “izquierda social“, como salida política.


De ahí la importancia del éxito de la huelga general, como resistencia frente el ajuste neoliberal actual y previsible.





En España, uno de los colectivos de trabajadores más reivindicativos, con permiso de las organizaciones agrarias y ganaderas, viene siendo el de los mineros del carbón.


Resulta clarificador…


Los mineros son trabajadores de un sector “obsoleto.


Pero es que sectoresobsoletos” lo son todos los del país, porque se pide competir en cada momento con quien ofrezca, a nivel mundial (por aquello de la ‘Globalización‘), el menor coste de mano de obra, sin asumir responsabilidad alguna por el medio ambiente, cuando hay beneficios, ni por las consecuencias para las personas, cuando deja de haberlos.


Y, por eso mismo, todos los trabajadores de España y la UE ya están obsoletos. Hoy se ofrecen mejores costes de mano de obra para productos y servicios desde China, Argentina, Brasil… Pero, cuando dejen de ofrecerse desde esos países, aparecerán otros: India y Vietnam… Y luego, otros…



Y el rastro que se irá dejando es de pobreza y miseria, las raíces de los males del mundo.


Tendremos un mundo globalmente pobre.





En paralelo con el paro y los recortes de derechos sociales, asistiremos a otra oleada de privatizaciones, con la excusa de tapar el agujero de la Deuda.


Los gobiernos volverán a recurrir a la malventa de activos públicos para sanear las cuentas… que irán a parar a los de siempre, administrándolos gestores más preocupados por el lucro que por el servicio prestado.





En España, una vez avanzadas las privatizaciones en las áreas de salud y enseñanza, quedan, como bocados muy apetitosos, AENA (gestor de aeropuertos); el 20% de Red Eléctrica, el transporte de mercancías de RENFE (e incluso el ADIF, gestor de las infraestructuras ferroviarias), las cajas de ahorro (proceso ya iniciado), el agua (la Comunidad Autónoma de Madrid sacará próximamente a Bolsa el Canal de Isabel II), la lotería del Estado

Mientras tanto, el gobierno de EEUU nacionaliza empresas para salvarlas de la quiebra: la aseguradora AIG, el banco Citigroup, las automovilísticas General Motors y Chrysler… en contraste con las políticas que se aplican dentro de la UE. Estos romanos están locos.




En tiempos de la República de Roma, el Pueblo lo componían sólo los nobles y los ricos. En el Capitalismo actual, el Pueblo somos la Plebe: todos, menos los nobles y los ricos.


Los privilegios surgidos en ambas épocas son análogos, pues en ambas se lucha por el status basado en el juego de Dinero y poder.


Por eso, del mismo modo, los plebeyos de Roma se negaron a reconocer ninguna pertenencia natural a una casta inferior, e hicieron huelga.


De hecho, negarse a trabajar ha sido siempre la  única arma disponible para la Plebe.


Al menos, tenían una. Porque, por debajo en la jerarquía social, utilizados como la mano de obra más barata posible, y como base del sistema productivo, estaban los esclavos.


Los esclavos eran alojados, vestidos y alimentados por sus amos. Pero, en el Capitalismo actual, los esclavos pagan su propia manutención.




“La esclavitud posibilita la propiedad sobre el trabajo, pero obliga a tener que cuidar de los obreros, mientras que… el Capital controla el trabajo, gracias al control de los salarios. Y eso se puede conseguir, controlando el Dinero” (circular interbancaria de julio de 1862, contra el greenback, una nueva moneda libre de Deuda para EEUU).





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