Archivo para 28 junio 2012

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Golidaridad




El fútbol es la economía número 17 del mundo, con un PIB de 500.000 millones de dólares. Sólo 25 países del mundo producen anualmente un PIB mayor.


Es un mercado fácil para el “blanqueo de capitales“, como ya mencionamos, lo cual le coloca bajo el prisma de los aprovechados y las mafias.


Eso incluye la compraventa de partidos, la compra oscura de clubs… y hasta su propiaburbuja económica“: impuestos reducidos para los jugadores en comparación al ciudadano de a pie, tributaciones reducidas e incluso incluso exenciones totales en el cobro de primas, deudas enormes del clubs al fisco sin conllevar cierre empresarial, adoctrinamiento en la educación…


Esta especial encubrimiento, cuando no protección a las claras, favorecen que el espectáculo del fútbol nos mantenga entretenidos, para no desviar nuestra atención hacia la cruda realidad que también nos imponen.


Como deporte, el fútbol es un “juego de suma cero“: sólo gana uno.


¿ Cómo podrían ganar todos los contendientes de un juego ?


Cooperando.


Sin embargo, se fomenta la difusión de “deportes de competición“, en los que el “premio al esfuerzo” consiste en vencer al resto de participantes, a los que se considera oponentes, rivalesenemigos.


Todo está engranado para empujarnos hacia ese tipo de juegos.


Pero, en realidad, muchas situaciones de la vida son equivalentes a “juegos de suma no cero“.


La naturaleza es el tapiz de juego sobre el que los individuos pueden beneficiarse del éxito ajeno.


No deben vencer a los rivales para beneficiarse ellos mismos.


La cooperación, la ayuda mutua y el altruísmo recíproco pueden prosperar, como ya vimos.


Pero, en su lugar, nos proyectan un espectáculo cruel de vencedores y vencidos, que luego damos por bueno en la vida diaria.





Cuando se gana, es fácil olvidar las crisis durante unos minutos,  reforzar nuestro ego personal, concebir un éxito colectivo… pero se trata de una gloria en el triunfo,  de una solidaridad de la victoria.


Cuando se pierde, asumimos que “la vida es así“, que algunos clubs tienen más dinero que otros, que el árbitro está comprado, que nada puede hacerse… Y que, en fin, cambiarlo sería ir en contra de la “pureza del fútbol“.


Pan y circo.


Más bien, poco pan y mucho circo.


Los protagonistas del fútbol son gladiadores patrocinados por multinacionales.





El único respeto que es fomenta es el respeto a la marca publicitaria.


Las normas emitidas por la empresa privada FIFA, prohiben a los jugadores levantar su camiseta para mostrar al público ropa interior con lemas o publicidad que compitan con la “oficial“.


Así que los jugadores muestran dedicatorias de otra índole.





Por un lado, las destinadas a recordar a compañeros que están lesionados ó que han fallecido recientemente.


Siempre, dentro del gremio.







También están las celebraciones dedicadas a dios.


A veces, sin especificar cuál.







Incluso, hay quien le felicita el cumpleaños a su mamá.


Que debe ser especial, no como las otras.


Muy pocos casos contienen un mensaje solidario “para todos“.


Pero qué casos.





Está el de Kanouté, que fue sancionado en 2009 por mostrar una camiseta interior de apoyo a Palestina.


Y un caso especial





Robbie Fowler, de 21 años de edad, al marcar el segundo gol del Liverpool contra el equipo noruego Brann Bergen en marzo de 1995, se volvió hacia el público, se quitó la camiseta oficial, y dejó ver bajo ella otra, también de color rojo, con la inscripción “500 estibadores de Liverpool despedidos desde 1995“.


Los estibadores llevaban años en huelga para protestar contra los cientos de despidos y la precariedad de los contratos temporales.


Fowler, que había nacido en Liverpool, decidió dar publicidad a la causa ante los ojos del mundo.


Le pareció natural: «Creí que era una declaración y nada más».


Por supuesto, que era algo más.


El club “Liverpool FC“, ante el temor a dejar de percibir ingresos por la publicidad que figura en las camisetas oficiales de los jugadores, se apresuró a cortar de raíz cualquier acción semejante, declarando: “Hacemos saber a todos los jugadores que en el rectángulo de juego no se pueden hacer comentarios sobre temas ajenos al fútbol“.


Y, para asegurarse de que el único mensaje que figurara en las camisetas de los deportistas fuera uno comercial, la UEFA, el organismo privado del fútbol europeo, castigó a Fowler con una multa de 2000 francos suizos.





La historia tuvo un capítulo posterior.


La camiseta que mostró Fowler no sólo contenía un eslogan de actualidad, sino que también era un golpe publicitario: las letras c y k de la palabra inglesa correspondiente a “estibadores” (‘dockers‘) figuraban en mayúsculas, pareciéndose al logo de la marca Dockers del diseñador Calvin Klein… Y cuando todos los periódicos británicos publicaron las fotografías de la camiseta, Calvin Klein amenazó con un pleito por violación de su marca comercial.


Claro que no resulta fácil… Incluso, ni barato


Pero,  ¿ quién, si no las estrellas del fútbol, tiene un acceso permanente a los medios de comunicación ?





No estaría de más que, cuando marquen un gol alguno de los futbolistas que se pasean bajo himno y banderas, o que besan los escudos de sus camisetas con fruición, lo celebrasen con dedicatorias para la gente de a pie que lo está pasando mal.


Deberían ofrecerles el tanto a esa gente.


Se lo deben.


Y tanto.

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