23
Ago
15

Plutomaterialismo histórico 1

A tus pies




En la naturaleza humana está la capacidad de interacción social.


A la vez, tendemos a satisfacer nuestro propio bienestar biopsicológico“: a aumentar nuestra calidad de vida disfrutando de salud, sexo, comida, ocio, seguridad, apoyo


Como afirma Desmond Morris, en nosotros conviven, tanto el egoísmo jerárquico de los monos recolectores de fruta, como la colaboración y la cooperación de los cazadores carnívoros.




Mirándonos el ombligo




Hacer compatibles los deseos personales con el bien común no es fácil si hay conflicto de intereses.




Excelente excedente




Los economistas liberales y neoliberales afirman que las personas que actúan guiadas por su beneficio personal (“el que sea”) tenderán a beneficiar al grupo (“bien común”)…




Todos para uno




Eso es una falacia harto conocida.


Una falsedad fruto del error, la ignorancia o la manipulación… juntos sinérgicamente, o por separado igualmente.


En realidad, la desenfrenada e incontrolada búsqueda de beneficio personal tiene desastrosos efectos para el beneficio del grupo.




Donde las dan las toman, con capacidad para perdonar




La Biología lo ilustra con cientos de ejemplos.


En el mundo natural, cualquier ventaja obtenida de la traición, tiene una vida corta


Ser colaborador compensa a medio y largo plazo, cuando de evitar la extinción se trata.


Robert Trivers, con su concepto de altruismo recíproco, consiguió explicar por qué en algunas especies como la nuestra, se da un intercambio cooperativo que supera la frontera del parentesco: el coste de proporcionar algún beneficio a otro miembro de la especie, es más pequeño que la ventajaque puede recibirse al cabo del tiempo.


Es una estrategia evolutivamente estable (EEE)… si puedes reconocer a los tramposos.




Construyendo Confianza




Para que haya intercambio bajo una relación estable y repetitiva, ha de construirse una confianza.


Nos hacemos favores los unos a los otros, y llevamos la cuenta de quién los devuelve, y quién no.


El altruismo recíproco, en efecto, requiere una memoria a largo plazo de caras, situaciones, acciones, personas involucradas


De hecho, el cerebro humano permite almacenar información valiosa de entre 100 a 250 personas aproximadamente; típicamente, de unas 150, cifra conocida como “número de Dunbar”.


Pero también requiere un modo de castigar a quienes se aprovechan del intercambio de favores, tomando mucho más de lo que dan, o no dando nada en absoluto.




Esto se mueve




Los altruistas no son tontos útiles.


Está demostrado que sus acciones hacen aumentar la productividad del grupo.


Además, reportan 2 ventajas adicionales.


Al beneficio recíproco inmediato, por un lado, se añade otro fruto de la interacción, como es el aprendizaje por observación directa: claves sociales, conocimiento del otro, experiencia, técnicas, habilidades


Por otro, se contrarrestan las acciones tiránicas que llevan a cabo los más fuertes a costa de los más débiles del grupo… La igualdad, sostenida por una fuerte coalición frente a los matones, evita la deriva hacia el monopolio de los recursos en manos de unos pocos.




Jogo no bonito




A primera vista, podría parecer que merece la pena ser egoísta, y que el altruismo habría de desaparecer… pero el hecho es que la población alcanza un equilibrio no egoísta.


Socialmente, se puede optar por copiar las actitudes egoístas, o las cooperativas.


Pero, en realidad, lo que las personas prefieren copiar son los modelos de actuación de probado éxito.


Actitudes para con los otros, que aumenten la supervivencia propia a medio o largo plazo.




Tabla de A. Grant




Como evolución cultural, la cooperación funciona tan bien, que se imita y persiste en la sociedad a través de actitudes individuales, creencias, habilidades, conocimientoGeneración tras generación.


De hecho, es una adaptación tan exitosa, que, por evolución biológica, se habría seleccionado genéticamente, siendo ya innata en los humanos.


Así, los sentimientos de elogio, de gratitud, de “elevación“, de respeto moral o de sentirse impresionado, serían mecanismos para recompensar a los altruistas.




Moral universal




Compensa cooperar en reciprocidad con no parientes, de forma continuada, y sin que haya “sorpresas” (esto es, engaños detectados).


Muchas de nuestras características psicológicas tales como la envidia, sentimiento de culpa, gratitud, simpatía, etc, habrían sido adoptadas a través de la selección natural como habilidades perfeccionadas de detectar engaños, de engañar, y de evitar que otra gente piense que uno es un tramposo.


Es una carrera armamentística entre el que engaña y el engañado.


Se trata de una faceta oscura y opaca de nuestra personalidad.




MasAs




Es claro que los tramposos existen.


Y… .


Cualquiera, en un momento dado, puede serlo.


Las estrategias no son “puras“: uno puede ser honesto 9 de cada 10 veces, y en la décima comportarse como un tramposo.


Pero no es igual una pequeña mentira de convivencia, o una mentira que no engañe, de connivencia, que una gran mentira que afecte a la supervivencia.


La opción del altruísmo recíproco no sólo es válida, sino necesaria.


Contrarresta la alternativa de una guerra fratricida global y permanente por los recursos del entorno.


Aun con vigilante incertidumbre, permite relajar y flexibilizar la conducta propia y actuar en función de la del otro, para crear oportunidades con las que ambos puedan ganar a la vez.


Como dice Richard Gould: “A mayor riesgo, más posibilidades de compartir“.


La reciprocidad actúa como un “Banco social“.


Por eso, las personas más exitosas, y por ello, las más copiadas, imitadas, emuladas… no tienen por qué ser aquellas que se dedican a aumentar su propia riqueza.


Poner como modelo social al egoísmo materialista individual, es propaganda ideológica que sólo busca legitimar a quien lo intenta maximizar.




La ley del embudo de oro




Sólo quien ayuda a otro por genuino altruismo, es una persona con la cual se pueden establecer relaciones confiables de ayuda mutua.


Pero, quien ayuda motivado por el cálculo de un beneficio futuro, es quien, en otro contexto, hará trampa.




Por amor al comercio




Los “ricos”, al recibir más de lo que dan, vendrían a ser tramposos que viven exitosamente en el seno de la especie.


Actúan con sutiles y sofisticadas tácticas destinadas a dificultar o impedir a los “pobres” puedan reconocerles y recordarles: argucias legales como crear sociedades o personas jurídicas que diluyan la responsabilidad; construcciones jurídicas como las sociedades mercantiles, que, por definición, no pueden tener comportamientos altruistas; artificios para dificultar la identificación del verdadero culpable del engaño, al poner como parapeto a un empleado que es otro “pobre“…


La élite rica se esconde también físicamente, acorazada tras lujosas propiedades securizadas donde se aíslan moralmente de las consecuencias de sus actos.


Influyen para asegurarse de que se enriquecerán protegidos por leyes permisivas, benignas, o descaradamente favorables.


A nivel institucional, la gente ha sido engañada reiteradamente para que crea que no hay nada que amonestar, que la enorme desigualdad es necesaria para su “propio bienestar“.




Balanza natural




La culpa es la emoción que atormenta a un tramposo que corre el riesgo de ser descubierto.


A menor riesgo, menor sensación de culpa.


Por eso, es más peligroso el sutil tramposo indetectado, que el humilde ya descubierto, castigado y privado por los escarmentados de los beneficios que la conducta tramposa le ha otorgado.


Para conseguir una cooperación estable, se requiere castigar, no sólo a los tramposos, sino también a aquellos que no castigan a los tramposos.


De lo contrario… campan a sus anchas.


¿ Cómo hemos llegado a esto ?




(Continuará)



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